Texto de Ana Isabel Preciado, presidenta de Escuelas Católicas La Rioja, publicado en Diario La Rioja el 27 de noviembre de 2019

Hoy recordamos a San José de Calasanz. Si buscan en las redes encontrarán esta definición: sacerdote católico, pedagogo y santo español fundador de la primera escuela cristiana popular de Europa. Fue el primero, pero no el último. Le siguieron otros muchos fundadores de congregaciones religiosas que, empeñados en mejorar la sociedad en la que vivían, apostaron por una educación de calidad para todos. Se lanzaron a calles, parroquias, fábricas y campos para alfabetizar a muchos niños, adultos y jóvenes por los que los poderes públicos de la época no se preocupaban en absoluto.
Poco a poco, esa formación fue calando y de ese primer germen sin apenas recursos, gracias a la entrega generosa en el día a día, surgen colegios llenos de vida y con un gran prestigio.En nuestra comunidad autónoma, Escuelas Católicas tiene la inmensa suerte de contar con 26 centros en los que hay matriculados más de 16.000 alumnos y que dan trabajo a más de 1.300 profesionales.

Centros que han sido testigos estos días de la polvareda que se ha creado en torno a la escuela concertada. Para poder hablar de ello necesitamos hacer un poco de historia. Cuando allá por el año 1985, el gobierno entonces socialista decide crear los conciertos, no lo hace porque «como hay muchos niños y no tenemos suficientes plazas en los colegios públicos, créense otros colegios que admitan a los niños que no nos caben». No señores. Lo que la LODE hizo en su momento fue desarrollar el artículo 27 de la Constitución.

España ya tenía escolarizada casi al 100% de su población, no eran necesarios más colegios. Lo que sí urgía era seguir desarrollando la Carta Magna que los españoles nos habíamos dado apenas siete años antes. El artículo en cuestión habla de libertad de enseñanza y de garantizar esta libertad. Y ahí surgieron, como requisito imprescindible, esos conciertos educativos que hacían efectiva la libertad para elegir. No fue una cuestión de ‘baby-boom’, como nos quieren hacer creer algunos. Fue una cuestión de regulación de la Constitución y de garantizar que realmente todo el mundo, con mayor o menor nivel adquisitivo, pudiese elegir en libertad la educación que quería para sus hijos.

Seamos honestos: elegir entre público o privado, elegir entre gratis o pagar, no es elegir. Y, sobre todo, no es elegir para quienes su nivel adquisitivo no se lo permite.

Los padres y madres riojanos tienen derecho a elegir la educación que quieren para sus hijos. Además, lejos de coartarlo como pretenden algunos, los poderes públicos tienen la obligación de garantizarlo.

No es cierto que la educación concertada sea subsidiaria de la pública, es complementaria. No estamos aquí para cuando le interese al gobierno de turno. Estamos aquí por derecho propio.

Tampoco es verdad que la escuela concertada «elija a su alumnado». Todos los colegios de La Rioja pasan por el mismo proceso de admisión. Un proceso en el que, como es lógico y como se ha hecho toda la vida, los padres entregan su solicitud en el centro que eligen. Solicitud que se graba en una plataforma digital controlada por la Consejería y de ahí pasa al Servicio de Inspección. Un proceso transparente y que funciona. Explíquennos el porqué de ese nuevo proceso que llaman ‘ventanilla única’, que solo aporta opacidad y que deja en manos de la Administración la inscripción de cada niño «en el centro que le toque». ¿Quién y con qué criterio, es más, con qué derecho, decide en qué centro «le toca» a su hijo?

Nuestros colegios tienen las puertas abiertas. Atienden a las clases más desfavorecidas y también a otras que les va mejor porque, lejos de segregar, dan la oportunidad real de que todos los niños convivan en nuestras aulas sin sufrir ningún tipo de diferencias en su proceso de enseñanza – aprendizaje.

Nuestros maestros, profesionales con mayúsculas, realizan su trabajo con gran entusiasmo y se entregan más cuantas más dificultades de cualquier tipo tenga el niño o la niña que tienen delante. Trabajan 25 horas lectivas a la semana y además cuidan patios, comedores… lo que sea necesario para que todos los niños, sin distinción de ninguna clase, sean atendidos como merecen. Porque, ¿saben una cosa? Nosotros no trabajamos para tener más votos. Nosotros, desde nuestro ideario evangélico, trabajamos para que la educación de nuestra región siga mejorando y llegue a todos. Son los maestros los que realmente están haciendo de nuestra España una España próspera y progresista.

Háganse y hágannos un favor: dejen de crear polémicas ficticias que desgastan y no suman. Ayúdennos a mejorar nuestro trabajo con políticas educativas reales y activas: mejoren la metodología, mejoren las ratios, mejoren la política de becas, mejoren la financiación… mejoren señores, mejoren, no estropeen lo que funciona.

En el Día del Maestro, gracias a San José de Calsanz y a todos los que siguieron su intuición. Y, ¡por supuesto!, un aplauso enorme y agradecido a todos los maestros.

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